X- Financiamiento
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Hemos visto que el zurdo no trabaja porque odia la pala y porque necesita tiempo para ser zurdo.
Pero también se ha demostrado que ser zurdo es carísimo.
¿Cómo se financia?
Es menester aclarar que no me refiero a como se financia la Revolución sino el zurdo individualmente.
Porque la Revolución se financia con secuestros extorsivos, pedidos de rescate, asaltos a bancos y todas esas solidarias actividades que desarrollaban los maravillosos desaparecidos antes de desaparecer.
Pero el zurdo aislado es otra cosa, pobre.
Un zurdo, por ejemplo, no puede jugar al Loto, pues con el impuesto que paga está subsidiando al estado capitalista y opresor, sin contar que si lo gana violenta la igualdad entre los hombres y es distinto de los que no lo ganan.
Fuentes bien informadas aseguran que el Loto Socialista que se habría implementado en Corea del Norte fracasó, pues si bien ganaban todos los participantes, el premio era de dos mangos.
Yo no encontraba respuestas a tan difícil entuerto. ¿De que vive el zurdo si no trabaja ni puede timbear? Hasta que descubrí -torpe de mí- que la solución estaba en el propio padre fundador.
Marx tiene todas las respuestas.
En sus tiempos de estudiante universitario,vivió del padre. Esta costumbre pervive en nuestros días entre los estudiantes universitarios, aunque no sean marxistas.
En la concepción de Marx la familia era un perjuicio burgués para hacer la Revolución. Pero para mangarla no.El 9 de diciembre de 1837 don Heinrich Marx (progenitor del engendro) le escribía al nene: “Como si nosotros fuésemos duendes repletos de oro, el señor mi hijo dispone en un año de aproximadamente 700 thaleros (moneda de entonces) contra todo lo que habíamos convenido,cuando los más ricos no dan ni 500″.
Luego el padre de la abolición de las diferencias de clase y mentor del amor libre, se casó por iglesia con la baronesa Jenny von Westphalen.
Siempre en la onda proletaria, se hizo amigo del hijo de un rico comerciante textil inglés llamado Federico Engels, al que mangó descaradamente durante toda su vida. Tanto que al final Engels decidió pasarle una pensión anual, para que lo deje de molestar.
Como se sabe, Marx y Engels en el famoso Manifiesto de 1848 proclamaron, entre otras medidas revolucionarias, la abolición del derecho a la herencia.
Hablando de Engels, Marx y la herencia, el 2 de diciembre de 1863 le escribía Carlos a su amigo Fede: “Hace dos horas recibí un telegrama comunicán- dome la muerte de mi madre. Bajo las actuales circunstancias, soy más necesario que la vieja. Tengo que ir a Tréveris por lo de la herencia.”
El 9 de mayo de 1844 muere Wilhem Wolff (Lupus) un admirador de Marx que lo nombra su único heredero. Como agradecimiento, Marx le dedicará “El Capital”.
Enterado de que un tío estaba por morir, le escribe a su amigo Engels el 27 de febrero de 1852: “Si el perro muere, se me acaban los problemas”. Un mes después, contesta Federico, tan humano como su cófrade: “Te felicito por la enfermedad del obstáculo de la herencia y anhelo que la catástrofe suceda en seguida”. En el caso de Engels, sin embargo, la respuesta si no justificable era al menos comprensible, porque si el otro heredaba, él zafaba del mangazo perpetuo.
El 8 de marzo de 1855 vuelve Marx a escribirle a su fiel amigo: “Un evento muy feliz. Ayer fuimos notificados de la muerte de un tío de mi esposa, de noventa años de edad. Mi esposa recibirá 100 libras esterlinas; aún más si el perro viejo no le dejó parte de su dinero a la mujer que le administraba la casa”.
Y también de tanto en tanto pechaba a su primo, Lionel Philips, hijo del fundador de la conocida fábrica de electrodomésticos.
Así cualquiera es revolucionario.
Esta forma de vivir de Carlos Marx se ha trasladado, con el correr del tiempo, a las naciones que adoptaron su extraordinario régimen político, económico y filosófico.
Cuba vivió siempre a expensas del trabajo del pueblo ruso, subsidiada como estaba por la U.R.S.S. Desaparecida ésta y librada la isla a su propia productividad según el modelo socialista, corren una liebre del tamaño de un hipopótamo. Es cierto que los zurdos le echan la culpa al bloqueo yanki, pero la objeción no es válida ya que dicho bloqueo posibilita que los cubanos no consuman bienes producidos por los pobres obreros explotados por los regímenes no comunistas. Es decir, deberían estar agradecidos por- que no los dejen vivir a costillas del trabajo del proletariado oprimido.
Es así que lo primero que debe hacer quien busque adentrarse en el mágico mundo de la izquierda es procurarse un holgado ingreso a expensas de otro. Algo así como usufructuar los puntos débiles del capitalismo pero provisoriamente, hasta la victoria final nomás.
Voy a dar por supuesto que nuestro zurdo hipotético ya se agenció un amigo como Engels que lo mantenga, o bien que sus padres murieron dejándole una cuantiosa herencia.
O también puede ser que el mismo zurdo haya acelerado el proceso revolucionario asesinando a sus padres,siempre en defensa de los derechos humanos. Además, como dice el “Manifiesto Comunista” “los disparates burgueses sobre la familia y la educación, sobre la santidad del vínculo existente entre el progenitor y el hijo, se hacen tanto más asqueantes cuanto más se rompen todos los vínculos de familia entre los proletarios”.
Sea, en fin, del modo que sea, nuestro aprendiz de zurdo ya tiene plata suficiente como para estar todo el día al cuete. Puede entonces emprender el duro viaje hacia las más bajas sentinas del ascenso revolucionario.
Ya lo dice el Neocatecismo Romano: “El camino capitalista es una amplia y cómoda autopista, mientras que el ascenso revolucionario es un sendero angosto y espinoso” (Cfr. Documento del Concilio Vaticano II: “De perfectione bolchevicorum”).
Comienza entonces el renunciamiento heroico a los prejuicios de clase y la comprensión profunda de la única realidad existente: la idea marxista.



