VI- Los Intelectuales
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Y ahí está el punto. La revolución marxista no es la revolución del proletariado.
No.
Es la revolución del parasitado.
André Gidé, un novelista zurdo con premio Nobel y todo, viajó al Congo y a la vuelta escribió: “sentirse feliz nada significa: la felicidad consiste en hacer felices a los demás”.
Pero si los demás no quieren ser felices, la misión del zurdo es obligarlos a que lo sean.
Por eso cuando cien millones de pequeños propietarios rurales se resistieron a la colectivización impuesta por el padrecito Stalin, los amenzaron con la deportación a Siberia (además de varios millones muertos de hambre en Ucrania). Es que el trabajador no debe hacer lo que él cree que le conviene sino lo que dialécticamente le conviene. Y el que sabe que es lo que dialécticamente le conviene al proletario es, casualmente, el zurdo que, para ello, debe estar en el poder.
O sea que la zurda es un curro como cualquier otro.
Por eso el Che Guevara, cuando volvió del Congo (moraleja, no viaje al Congo) se fue a armar la guerrilla boliviana. Típico de argentino: hacer una revolución para conseguirse un puesto de gerente.



