XIV- Solidaridad del zurdo

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La solidaridad es la consigna del zurdo. Y es solidario desinteresadamente; cuanto más lejano a sí mismo sea el objeto de su solidaridad, más solidario se pone. El médico zurdo prefiere desatender el dispensario de la vuelta de su casa para irse a curar una epidemia de algo (preferentemente de SIDA) a otro país (preferentemente de Africa).

El zurdo se solidariza con todo: con los docentes de la carpa blanca, con los sin tierra del Brasil, con las víctimas de la represión en Chiapas, con los campesinos de Ulan Bator, con el pueblo vietnamita, con un cubano que perdió el unicornio, etc.

Con tanta solidaridad copiosamente derramada sería injusto reprocharle al zurdo que nunca se lo vea ayudando si se inunda Concordia o si graniza en Junín.

Es que el zurdo carga sobre sus hombros con la angustia de la humanidad, por lo que no puede permitirse pintoresquismos locales.

El zurdo -ya se ha visto la cita de Gidé- quiere llevar la felicidad del marxismo a todos los rincones de la tierra y en su amorosa empresa no hay obstáculo que detenga su camino.

Ya lo expresó Lenín en esta conmovedora , tierna y solidaria frase:“No importa que la mitad del pueblo perezca en la revolución, con tal que la otra mitad alcance las ideas del comunismo”[1].

Me emociona, mire.

[1] La solidaridad del zurdo sólo puede compararse con el ansia de progreso del liberal. Domingo Faustino Sarmiento le escribía a Mitre: “No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país.La sangre es lo único que tienen de humano”. Es que los mundos teóricos del liberal y del marxista tienen un problema en común: están llenos de gente.

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