XXI- El Zurdo Underground
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Pero si por su deseo de hacerse zurdo se quedó sin ir a la cancha, no se desanime; todavía le queda el teatro.
En cartelera y en cualquier tiempo tendrá una buena cantidad de obras más o menos zurdas con las que deleitarse; y hasta tal vez consiga un autógrafo de la estrella de moda zurdocomprometidaconcientizada antes de que se suba a su 4 x 4 para ir a reponerse de la lucha en su piso de Avenida del Libertador (calle con resonancias combativas, si las hay).
Pero si usted apunta a ser un zurdo de base, lo suyo es el teatro independiente.
Ah, sí.
Teatro de vanguardia.
De vanguardia zurda.
Con el asunto de que lo importante en el teatro es la actuación, el teatro de vanguardia no tiene decorados o -si los tiene- son mínimos y abstractos.
Dos sillas, un suponer, representan un bar, un dormitorio, un parque, las cataratas del Niágara o una sesión de tortura bajo cualquier dictadura (exceptuando la del proletariado).Lo importante es que se dice y como se dice. El mensaje es universal y la geografía irrelevante. Lo que cuenta es la idea.
Como según vimos, los obreros no tienen patria, los mismos problemas que tiene un campesino en Pekín los tiene un campesino en Carmen de Patagones. Supongamos que nuestro campesino de Pekín quiere seducir a una chinita que le ha robado el corazón. La invita a comer perro a la parrilla y la fémina cae rendida a sus pies. Sin embargo, si nuestro paisano de Carmen de Patagones quisiera a su vez seducir a su chinita, difícilmente tenga éxito haciendo churrascos del pobre “Sultán”. Esa es la realidad; pero al zurdo la realidad no le importa. Lo único que interesa es la idea.
A esta altura pareciera que repito textos con recurrencia senil, como el de que nada existe sino la idea.
Mis disculpas, pero no soy yo. Es el marxismo. Todo él finca en esto: la única existencia es la de la idea.
Volviendo al teatro, para que resplandezca la idea se suprime el decorado. El decorado distrae. El decorado fija el conflicto en un ámbito geográfico. El decorado, en síntesis, es otra maniobra del capitalismo.
Claro que a fuerza de repetido, el teatro revolucionario se ha vuelto más conservador que la zarzuela. Los personajes y situaciones se estereotiparon de tal forma que sería absolutamente innovador ver en un teatro underground una obra con gente que parezca gente metida en una casa que parezca casa.
En su búsqueda de nuevos caminos expresivos la vanguardia teatral rompe con las barreras burguesas del idioma en pos de formas revolucionarias de comunicación. Algunas veces el producto es verdaderamente de avanzada; las más, es incomprensible. Son frecuentes los diálogos como éste:
-Uparatukusna howex premria.
-Grok, grok, fenderupia.
Que pueden querer decir, “máistro, ¿qué hora tiene?” ; “ocho y media pibe”. O también “podrán cortar todas las flores”; “pero no detendrán la primavera”. O lo que al espectador mejor le acomode. Porque es todo como muy libre, ¿viste?
A pesar de esto, existen algunas convenciones idiomáticas que deben ser respetadas, bajo apercibimiento de ser un vil reaccionario. A continuación se ofrece a los lectores, sin costo adicional, un breve glosario que es menester conocer antes de concurrir a cualquier función de teatro de esta índole:
Padre: monstruo sanguinario y represor.
Madre: mujer reprimida o víctima; suele ser estúpida.
Hijo: si es obediente, estudioso y trabajador, forro dominado. Si es falopero, trolo, incestuoso o usa pasamontañas, futuro de la revolución.
Abuelo: si es bueno, ex combatiente del lado republicano durante la Guerra Civil Española; si es malo, Coronel retirado.
Prostituta: mujer de buenos sentimientos.
Varios con túnicas y máscaras blancas: los desaparecidos.
Desaparecidos: niños inocentes que jugaban a las bolitas hasta que se los llevó un fascista.
Fascista: señor que se baña seguido, usa traje, anteojos negros y se peina con gomina.
Bolitas: esferas metálicas, generalmente negras, con mecha.
Por último debe saberse que es desaconsejable asistir a una función de teatro de vanguardia comiendo maní con chocolate.
Y por favor, ni se le ocurra comentar que lo que vió fue un bodrio.
Queda muy, muy contrarrevolucionario.



