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No es tan simple.
Hacer un asado, digo, no es tan simple.
Si fuera simple cualquier papanatas después de pasar por la Universidad se convertiría en un eximio maestro asador.
La historia no confirma que Adam Smith supiera curar los riñoncitos ni mucho menos que Engels tuviera alguna idea de cómo hacer un buen chimichurri.
El asado no es para teóricos. Su arte -porque asar, igual que gobernar, no es una ciencia sino un arte- requiere de tres elementos: tradición, experiencia e intuición.
La carne del liberal es incomible por cruda, la del marxista lo es por quemada. Huérfanos de la tradición occidental no tuvieron un padre de quien aprender los secretos del holocausto del novillo.
Enfrascados en sus teorías perfectas, circulares y estériles, tampoco aprovecharon la experiencia pues cuando los hechos no coincidieron con sus teorías, en vez de abandonar las teorías,descartaron a los hechos.
Pero sobre todo y como consecuencia del materialismo de ambos, abandonaron la intuición, ese soplo divino que permite al hombre hurgar en las estrellas, no para averiguar de que gas están compuestas sino para admirarlas en su magnífico esplendor.
Es la intuición la que permite al maestro distinguir el silencio de la carne ante el fuego insuficiente, del plácido sonido de la cocción adecuada y a éste del crepitar violento del incendio sin retorno.
El asado, en síntesis, es un equilibrio delicado que no puede romperse sin arruinar el banquete. El asado debe estar bien cocido, pero jugoso.
Así es el asado criollo.
Ni yanki ni marxista.
Hay marxistas que no pueden ver a una mujer coqueta pintarse los labios sin formular de inmediato una explicación de su conducta en función del proceso de producción y la lucha de clases.
G.D.H.Cole (zurdo)
Las zurdas tienen una gran ventaja respecto de los zurdos: algunas están buenas.
Si además de eso fueran mudas y analfabetas se aproximarían bastante a la mujer ideal. Aunque en la medida de lo posible resulta conveniente enamorarse de una mujer normal.
Puede ser, como dicen las zurdas, que las mujeres normales estén plagadas de prejuicios burgueses (casarse, tener hijos, cambiar las cortinas de la casa, trabajar, estudiar, etc.). Pero si las burguesas son prejuiciosas, las liberadas son acomplejadas.
La zurda liberada es un complejo con patas. Su convicción íntima es que las mujeres son todas taradas (menos ella, por supuesto) y necesitan que la colectividad las proteja. Así, para igualar la mujer al hombre crea el Ministerio de la Mujer y lo más notable es que lo festeja como si fuera un hito en la liberación femenina. Si la mujer es igual al hombre, ¿para qué quiere un Ministerio especial?
Celebra también la liberada que exista una ley de cupos electorales para mujeres. ¿Por qué, son incapaces de integrar una lista sin ley de cupos?
El matrimonio es para la zurda una carga intolerable, sobre todo por esa costumbre burguesa de ponerle a los hijos el apellido del padre. Este es un problema que ha inquietado desde antiguo a los pensadores y pensadoras zurdos y zurdas. Se han propuesto distintas soluciones y solucionas, a saber:
1. Que los niños lleven el apellido de la madre. Fue rechazada por invertir la carga de la discriminación.
2. Que no lleven apellido. En rigor es la solución más adecuada al materialismo dialéctico, puesto que evita la alienación del rapaz a su familia. Se lo designaría solamente por el nombre. Algunos países comunistas como China, luego de poner en práctica esta teoría debieron abandonarla porque se producían avalanchas.
3. Que lleven el apellido del padre y de la madre. Supongamos que Juan Pérez y María Gómez tienen una hija: Gabriela Pérez Gómez. Hasta aquí vamos bien. Pero Gabriela crece y tiene un hijo con José Rodríguez Gímenez: Matías. Este Matías debe llevar el apellido del padre y de la madre, luego se llamará Matías Rodríguez Giménez Pérez Gómez. El cual a su vez tiene un hijo con Susana Mastroggiovani Dibastiano Bianchi Vermiccelli: Roberto Rodríguez Giménez Pérez Gómez Mastroggiovani Dibastiano Bianchi Vermiccelli. Evidentemente esta es la solución más democratica, pero presenta el inconveniente de que con el correr de las generaciones los documentos de identidad se vuelven muy incómodos.
Otro drama que atormenta a la zurda es que, al igual que cualquier mamífero, la hembra del género humano suele quedar embarazada, o ponerse gruesa, y el macho no, salvo que engorde. Esto la hace concluír en que no hay liberación femenina sin aborto. La liberación en base al homicidio es una constante en el pensamiento zurdo pero es justo reconocer que siempre basándose en un igualitarismo estricto: hay zurdos que matan a la madre y zurdas que matan a los hijos.
La zurda sostiene que la mujer vivió por siglos oprimida por el marido dentro del matrimonio. La pregunta del caso es por qué no se sublevó y en cambio siguió soñando con entrar a su nueva casa en los brazos de su novio, costumbre que evoca nada más y nada menos que el bárbaro y violento rapto de las sabinas [2] por parte de los primitivos romanos.
Contesta Simone de Beauvoir:[3] “las mujeres de la burguesía estaban demasiado integradas a la familia para conocer entre ellas una solidaridad concreta;no constituían una casta separada, susceptible de imponer reivindicaciones: económicamente su existencia era parasitaria.Así mientras que las mujeres que hubiesen podido participar de los acontecimientos, pese a su sexo, se veían impedidas de hacerlo en función de clase, las de la clase agitadora estaban condenadas a permanecer al margen en su condición de mujeres.”¿Y cuándo se va a solucionar esto?
“Sólo cuando el poder económico caiga en manos de los trabajadores[4],le será posible a la mujer trabajadora conquistar las capacidades que la mujer parásita, noble o burguesa, no ha obtenido jamás”
En primer lugar, cuando las mujeres a lo largo de la historia quisieron “participar de los acontecimientos” lo hicieron sin pedirle permiso a nadie y sobre todo sin necesidad de ninguna zurdita iluminada.
Curiosamente, en la democrática y refinada Atenas, las mujeres estaban relegadas al gineceo doméstico, del cual no podían salir sin permiso de sus maridos.. En la brutal y militarizada Esparta, en cambio,las mujeres manejaban la ciudad.Cuenta Plutarco que cierta vez un forastero dijo a Gorgo, mujer del espartano Leónidas:”‘¿Cómo vosotras solas, las Espartanas, domináis a los hombres?’ ‘También nostras solas -le respondió- parimos hombres’”.
Montesquieu afirma en sus Cartas Persas que “los romanos mandaban en todas las naciones y obedecían a sus mujeres”.
La paradoja histórica es constante: cuanto más viril es una sociedad, más poderosas son sus mujeres. Es que sólo los pueblos afeminados temen a las mujeres poderosas..
Encarnación Ezcurra, la esposa del tirano sangriento Rosas, fue la mujer más poderosa de su tiempo, lo cual no puede afirmarse de la ignota mujer del democrático Sarmiento.
Es cierto que doña Encarnación no ocupó ningún cargo público, pero el poder no es el cargo, del mismo modo que la cáscara no es el maní.
Santa Juana de Arco se calzó la armadura y se fue a combatir a los ingleses sin pasar por la Comisaría de la Mujer.Esta era campesina.
La Reina Isabel de Castilla conquistó un imperio que todavía hoy es un dolor de muelas para los zurdos (y también para los liberales, porque en “este país” nunca se sabe).Esta otra era aristócrata.
Teodora era la hija del guardián de osos del hipódromo de Constantinopla. Había sido actriz y cortesana, rodado por el mundo y sufrido, combinando en su persona una situación social y un pasado propios para ofender la sensibilidad de toda persona respetable.El Emperador Justiniano la eligió por esposa, originando un escándalo entre el patriciado romano, decaído en oligarquía.Pero a pesar de los escándalos que había provocado, aunque era violenta en sus pasiones y vengativa en sus odios, era Teodora de gran nobleza, bella y espiritual, dotada de gran valentía, de una inteligencia de estadista y del don precioso de la compasión femenina. El primer asilo para mujeres caídas fundado en Europa, se debe a ella. De su reinado junto a su marido nos llegó el Corpus Juris, obra monumental del Derecho Romano que en gran medida continúa vigente, a pesar de los reiterados esfuerzos de los zurdos por voltearlo.Esta no era ni campesina ni aristócrata.
Teodora era peronista.
No se engañen, muchachos.
Si Evita viviera, sería Emperatriz.
[1] Este capítulo es discriminatorio y exclusivo para hombres. Así que mientras ellos lo leen, ellas pueden aprovechar para lavar los platos.
[2] Según Plutarco , a las sabinas primero no les gustó mucho que las raptaran, pero después sí.
[3] Ésta escribía así porque nunca la besaron un domingo diciéndole: “vieja, me voy a la cancha”.
[4] Recuérdese que en el idioma del zurdo los “trabajadores” son los parásitos que integran la vanguardia universitaria.
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Federico Engels se quejaba de que los jóvenes socialistas alemanes usaban el materialismo histórico como una excusa para no estudiar historia. A pesar de la autoridad del autor del lamento, sus discípulos contemporáneos siguen en la misma.
La relación del zurdo con la historia es divertidísima. Diría que desopilante, pero es galicismo desaconsejable.
El historiador zurdo -si es que ambos términos pueden compatibilizarse- no busca en el pasado el hecho histórico concreto sino el hecho zurdo ideológico; si existe lo amplía o lo deforma, si no existe lo inventa.
Todos los zurdos saben, por ejemplo, que los Aztecas eran un pacífico pueblo vegetariano cuya paz fue turbada por los malísimos españoles que hacían sacrificios humanos.
Sabe también el zurdo que el padre Bartolomé de las Casas[1] se opuso a la esclavitud de los indios. Pero lo que el zurdo no sabe -y si lo sabe se lo calla- es que para contrarrestar la esclavitud de los indios, el buen sacerdote propuso fomentar la importación de esclavos negros. Es decir que el cura no estaba contra la esclavitud, sino contra España.
El zurdo rezurdo Ilya Ehrenburg afirma que Francisco Babeuf (algo así como el protozurdo, el eslabón perdido entre el cromagnon y el zurdo sapiens) con sus delirios comunistas, fue el nervio de la Revolución Francesa. Agarre cualquier libro de historia y va a ver que el tal Babeuf no figura ni a los veinte en la de Montevideo.
El solo nombre de Espartaco -aquél gladiador esclavo parecido a Kirk Douglas- hace vibrar la noalma[2] del zurdo, conmoviéndolo hasta las lágrimas. Tanto, que el partido revolucionario de Rosa Luxemburgo en la Alemania de la primera posguerra se llamaba “Liga Espartaquista”. Pero ¿por qué el zurdo, o en este caso la zurda, admira a Espartaco?
De puro bruto/a, nomás.
Si doña Rosa hubiera leído a Max Nordeau se hubiera enterado que “los partidarios de Espartaco, ellos mismos no eran ni radicales ni pesimistas en el sentido moderno; se rebelaban contra el aguijón, pero no contra el que lo tenía…Aceptaban la institución de la esclavitud, pero no querían ser esclavos…Al conseguir el triunfo, estos descontentos habríanse trocado en hombres dichosos, convirtiéndose de rebeldes en apoyo de la sociedad”.
Es que los esclavos querían la libertad, no el socialismo. Y la libertad en Roma se ejercía mediante tres estados: status libertatis, status civitatis y status familiae. Es decir que Espartaco se rebeló para ser un ciudadano libre, capaz de comerciar y adquirir propiedad privada, de casarse y tener hijos legítimos.Curiosamente, todo lo que el zurdo quiere abolir.
Espartaco fue un esclavo con moral de hombre libre.
Marx fue un hombre libre, con moral de esclavo.
Espartaco traidor, dirá ahora el zurdo.
Pero al menos le queda Simón Bolívar.¿Por qué invoca el zurdo a Bolívar como prenda de unidad latinoamericana[3]?
Por ignorancia.
Si el zurdo hubiera leído el artículo “Simón Bolívar” escrito por Carlos Marx para la nada proletaria Encilopedia Británica, sabría que el pretendido libertador era un oligarca de familia mantuana (las aristócratas venezolanas eran las únicas que podían usar manto largo, de ahí el nombre), lujurioso, cobarde, interesado, traidor y sanguinario. El egregio profeta del materialismo dialéctico se regocija en su opúsculo de la separación de Venezuela de la Gran Colombia boliviariana. Todo un defensor de la causa americana, Carlitos.
Espartaco traidor.
Bolívar oligarca.
Entre los zurdos vernáculos suelen verse entre los trapos rojos con la cara del médico asmático que enarbolan, algunos con la efigie del General San Martín.
¿Por qué pone el zurdo a San Martín en la bandera roja?
Por burro.
Cuando Marx andaba alborotando en Francia allá por 1848, le escribía San Martín al presidente del Perú: “El inminente peligro que amenaza a la Francia (en lo más vital de sus intereses) por los desorganizadores partidos de terroristas, comunistas y socialistas, todos reunidos al solo objeto de despreciar, no sólo el orden y la civilización sino también la propiedad, religión y familia, han contribuído muy eficazmente a causar una reacción formidable en favor del orden”.
Espartaco traidor.
Bolívar oligarca.
San Martín reaccionario.
En cuanto a Trotsky…
No se asusten, Trotsky sí era zurdo…
Algo es algo.
Peor es robar y no llevar nada a la casa.
[1] Autor de la “leyenda negra” de la Conquista Española. De las Casas no era jesuíta, pero hubiera merecido serlo. Fue algo así como el Monseñor Justo Laguna de la época.
[2] Alma materialista del zurdo.
[3] Es interesante que los zurdos utilicen la palabra “Latinoamérica”, porque su solo empleo es la negación misma de la izquierda. Efectivamente, el hilo conductor de la unidad americana (excluídos los yankis, obviamente) sólo puede ser latino, es decir, originado en el Lacio. Romano, en síntesis.
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Atentaría contra la objetividad científica de este panfleto afirmar categóricamente que el zurdo no tiene moral.
No es que no tenga, sino que como tiene una moral zurda se le nota poco.
A pesar de esto es justicia reconocer que el zurdo aventaja notoriamente al liberal cuya moral se limita a que cada uno haga lo que se le antoje si yo hago negocio. Para el zurdo, a diferencia del liberal, no es indiferente que Dios exista. Mientras que para el liberal Dios no existe si los ateos ganan la elección por un voto para volver a existir cuando la elección la ganan los creyentes, el zurdo necesita imperiosamente que Dios no exista.
Tiene razón Lefebvre cuando afirma que “…sería calumnioso atribuír a los marxistas una especie de cinismo inmoralista…El cinismo inmoralista se halla en los representantes (literarios, ideológicos, políticos) de la burguesía decadente, o también de ciertos individuos desclasados que rechazan toda moral al mismo tiempo que la moral establecida”.
La moral es la ciencia de lo que está bien y lo que está mal; o por lo menos eso era, hasta el advenimiento del Nuevo Faro de Alejandría.
Esa conciencia de lo bueno y de lo malo está desparramada entre todos los habitantes del mundo, quienes por una intuición metafísica tienen el convecimiento más o menos generalizado de que hacer picadillo de carne con el vecino de enfrente está mal. El zurdo objetará que en algunas comunidades -o en otras culturas- el canibalismo está bien visto. Pero esa objeción solamente puede hacerla un zurdo. Cualquier tipo normal considera que comerse al portero no es ninguna “otra cultura” sino una falta de cultura o, por mejor decir, una salvajada.
El zurdo no. Como para él la moral es un conjunto de imposiciones de la clase dominante, violarla no es necesariamente malo. Por otra parte el concepto de malo y de bueno es relativo. Si a usted le dicen que es un “buen trabajador” y se pone contento, lo siento señor pero usted es un estúpido. “El buen trabajador”, dice el zurdo, es un prejuicio de la moral burguesa; el “buen padre de familia” también. El delincuente y el genio son la misma cosa, porque ambos violan la moral establecida. Además, ¿por qué castigar al ladrón si el dueño de la cosa robada no tiene derecho a ella, puesto que la propiedad privada es un robo?
El odontólogo platense Ricardo Barreda, condenado a reclusión perpetua por el asesinato de su suegra, su esposa y sus dos hijas, no es un homicida sino un revolucionario que vino a confirmar las profecías de Marx y Engels acerca del colapso de la familia burguesa.Lo mismo que el Dr. Sergio Shoklender, quien pulverizó la contradicción burguesa entre matar a la madre y defender los derechos humanos.
El zurdo tiene una ética, la del materialismo. El hombre en una sociedad sin clases se realizará en forma integral, abandonando la división entre la reflexión y el trabajo para ser la más alta síntesis de estos aspectos opuestos. Hasta ahora no les salió, pero cuando se les dé vamos a estar fenómeno, parece.
Ahora, si no hay más que la materia, ¿por qué se debe liberar al proletariado de la opresión? Si no hay regla moral inmutable, ¿por qué no imponer la ley del más fuerte? Si no hay un bien objetivo hacia el que la humanidad tienda o deba tender, ¿sobre que pauta valorativa puede decirse que tal o cual conducta es más o menos humana?
Si todo es dialéctica, ¿cuál es la diferencia entre darle un pan a un hambriento y pegarle un tiro en la cabeza?
Después de todo, en ambos casos se evita que sufra…









